Los Ángeles: el paraíso en las alturas de Catamarca
Esta historia fue publicada por la revista Viva bajo el título: “Eco Hollywood. Los Ángeles, Catamarca: un paraíso con altura”.
En la fotografía de portada, un hombre barre el frente de su casa en Los Ángeles, Catamarca
Para llegar hasta Los Ángeles hay que subir. Casualidad o no, los habitantes espirituales del cielo comparten el nombre con esta localidad, a 33 kilómetros de la capital de Catamarca, asentada sobre un valle y con apenas 400 lugareños desperdigados a los lados de un angosto camino de tierra.
Rodeado por las sierras de Ambato y la de Los Ángeles, este lugar es elegido para escapar del calor del verano. Los catamarqueños suelen tener aquí sus casas de fin de semana, que lentamente pasaron a ser residencias permanentes y así se fue abriendo paso al turismo. No es ningún secreto que en este “cielo” reina la naturaleza que da refugio cuando el termómetro supera los 40 grados.
Su estado casi salvaje, además de ser un reparo en este mundo con calor en aumento, configura una zona de riquísimo endemismo, con flora y fauna de alta montaña que varía según la latitud en una región de clima cálido y semiárido. En el camino que serpentea por esta localidad se pueden admirar quebrachos, nogales, olivares, manzanos, perales y membrillos, y bajo la copa de estos frutales crecen matas de pasto que sirven como alimento para el ganado.
Cuesta arriba
Pero antes, para empezar a admirar toda esta belleza, hay que llegar. Desde San Fernando del Valle de Catamarca el viaje no es sencillo y solo existe un servicio de transporte diario que parte de la terminal de micros de la ciudad.
Esta combi avanza por la Ruta Nacional 38 hasta la localidad de Miraflores para luego tomar la Ruta Provincial 5 y comenzar el ascenso por un angosto y zigzagueante camino de cornisa que conduce a Los Ángeles.
Oscar Acosta es el único chofer que hace una década conecta todas las semanas la capital con este idílico valle de montaña. Sale de miércoles a domingo en un viaje que tarda poco menos de dos horas y suple con un precio económico la ausencia de colectivos de línea y el elevado costo de los taxis. En palabras del conductor, en su combi viajan quienes “le esquivan al calorón de la ciudad y van para allá”.
Al llegar, los intrépidos visitantes se encontrarán con una única calle de tierra de doce kilómetros, que funciona como la columna vertebral que conecta el pueblo en el sentido sur a norte. Mientras el camino avanza, también aumenta la altura.
Pura biodiversidad
Pablo Demaio es profesor asociado de la Cátedra de Botánica Sistemática de la Universidad Nacional de Catamarca y junto a un equipo interdisciplinario estudia la vegetación de las sierras de Ambato desde el 2018. Ya llevan cinco ascensos para investigar al detalle la flora característica de la zona.
“El valle de Los Ángeles es muy largo y con una diferencia altitudinal muy importante de sur a norte. Cuando accedés al valle desde Miraflores estás a unos 1.200 metros sobre el nivel del mar y en el extremo norte, donde termina el camino, estás a casi 2.000”, dice. Según Demaio, se distinguen con claridad las variaciones entre las distintas partes que conforman el valle y esto es determinado por el descenso en las temperaturas, el aumento en la radiación directa y cambios en las precipitaciones.
“En la parte baja tenés cierto tipo de plantas, lo que se conoce biogeográficamente como bosque montano, caracterizado por la presencia de árboles como el molle de beber (Lithraea molleoides), el pino del cerro (Podocarpus parlatorei), el cocucho (Zanthoxylum coco) y el sauco (Sambucus). En esa zona son viables cultivos como el nogal (Juglans regia)”.
En cambio, explica: “En la parte más alta se desarrollan pastizales de neblina, con distintas especies de pastos. Se llaman así porque a esa altura se ‘apoyan’ las nubes formadas por los vientos húmedos del este, condensando agua que las plantas pueden aprovechar. Esa zona es fundamentalmente ganadera. Por encima de los 3.010 metros, empiezan los ambientes de alta montaña”.
Sin importar la altura, abundan especies icónicas de mamíferos, entre ellos la taruca o huemul del norte (Hippocamelus antisensis), declarada monumento natural y que manifiesta el esplendor de los ambientes de alta montaña de las Sierras de Ambato. “Estas montañas inaccesibles representan uno de sus últimos santuarios”, afirma Demaio, que también se muestra optimista sobre su recuperación.
“Los Ángeles sufre el mismo proceso de despoblamiento que se ve en todas las regiones rurales; al ser unas sierras inmensas y difíciles de recorrer, podemos pensar que las poblaciones de vertebrados se recuperan, en especial las tarucas, que eran cazadas por los habitantes del valle”, agrega.
También se pueden encontrar pumas (Puma concolor), zorros colorados (Lycalopex culpaeus) y se sospecha de la presencia del gato andino (Leopardus jacobita).
Al sur, el principio
Todo comienza en Villa Sur, allí se encuentra la hostería municipal, al lado de una comisaría y frente a la iglesia Santo Domingo. El sol de la mañana tarda en salir y, como en todo valle, los rayos calientan recién entrada la mañana. Antes, durante el alba, las temperaturas son heladas. Mejor estar preparado.
Allá arriba no hay restaurantes, ni bares, ni mercados. Tampoco hay señal de celular. Apenas dos kioscos improvisados en casas particulares pueden abastecer las necesidades del visitante casual. Cuando se habla de una experiencia de desconexión, no se exagera. Lo que sí hay y abunda es un espectáculo astronómico único. Las noches de cielos estrellados configuran uno de los secretos mejor guardados de esta zona.
Atravesar la totalidad del camino que conecta Los Ángeles desde su base hasta su final puede ser una tarea titánica para quien no esté acostumbrado a caminar en altura y en ascenso. Hacer dedo y pedir un aventón puede ser crucial para cumplir el objetivo de conocer todo el pueblo y llegar hasta la iglesia. Otra opción puede ser descansar junto al río Los Ángeles, cuyas aguas cristalinas –y heladas, incluso en verano– bañan a toda la localidad. Su curso principal tiene cabecera en el extremo noreste, nace con el nombre de arroyo de La Loma y su naciente proviene de lo más alto del Ambato.
Un último esfuerzo
Luego de atravesar el camping y un hotel de montaña, vamos a llegar finalmente a Villa Norte. Está la plaza principal, frente a la iglesia de techo celeste a dos aguas y a una escuela con una docena de alumnos. También nos encontraremos con la posibilidad de terminar nuestro recorrido o de comenzar uno nuevo: desde aquí se puede seguir un sendero para llegar a la cima del cerro Crestón, el punto más alto de la sierra de Los Ángeles. Con una altura que roza los 3.000 metros, y como recompensa al esfuerzo, ofrece una vista panorámica de San Fernando del Valle de Catamarca.
Este camino tiene una dificultad elevada y se recomienda comenzarlo bien entrada la mañana para no regresar de noche. La duración depende del estado físico, pero los lugareños calculan que llegar a la cima no demora menos de tres horas. Una vez allí se puede observar el último nivel de vegetación que nos espera en este paraíso poco frecuentado, con las nubes que en los días de tormenta descargan toda su vehemencia sobre este rincón catamarqueño.
Entonces, cuando eso por fin suceda, el agua descenderá por el río e hidratará todo el valle con la vitalidad que la naturaleza necesita y dará comienzo, ahora sí, a un nuevo viaje.